Privacy ShieldBajo la nueva regulación aprobada por la Administración Trump, por la que los proveedores de internet pueden vender los datos de navegación, geolocalización, el historial de descargas y los medios utilizados, sin una autorización o consentimiento previo del titular de los datos (el propio individuo), está impidiendo, de facto, que las compañías o proveedores americanos operen en el Espacio económico europeo, situándose fuera del acuerdo de Privacy Shield, pactado el año pasado.

En Estados Unidos, concretamente en la Berkeley University, hace más de veinte años que se debate sobre el derecho de propiedad del dato personal, Donald Trump se ha cargado de un plumazo este antiguo debate sobre si el dato personal es un derecho de propiedad del individuo. Ahora, el dato personal es un derecho y una propiedad de las empresas proveedoras de servicios de internet americanas (seguramente deberemos revisar el portafolios de empresas del Grupo Trump para ver cuántas acciones mantiene de las mismas en su cartera). Cuando estas empresas utilicen su capacidad de generar Big Data con toda la información recibida, la vieja diferencia entre privacidad e intimidad del derecho americano ya no tendrá sentido, puesto que, la intimidad quedará comprometida y la vida íntima, la que sucede en el interior del dormitorio y la vida privada, aquella que a menudo tenemos que desvelar, serán una misma cosa.

De cara a los intereses de los ciudadanos europeos, que al fin y al cabo es nuestro entorno de trabajo, debemos señalar que, cuando se envíen datos hacia compañías que han sido favorecidas por este nuevo decreto de la Era Trump, estarían incumpliendo los principios del Privacy Shield y por tanto los principios de la normativa europea de Protección de datos. En consecuencia, remarcamos la necesidad de volver al sistema de autorización previa para proceder a la transferencia internacional de datos.

El GDPR es extremadamente riguroso cuando habla de la custodia de los datos de los ciudadanos europeos, y en nuestro entorno económico no queda la más mínima duda de que el dato de carácter personal pertenece al individuo, y no a la compañía que ofrece el servicio de conexión o al buscador. El principio supremo de la norma europea es el consentimiento del afectado, y con la norma Trump, que permite la venta de los datos de carácter personal sin consentimiento el interesado, estaría situándose fuera de la regulación europea, haciendo una cesión inconsentida y siendo susceptible de sanción según el GDPR.

Privacidad Digital Abogados

En PDAbogados ya hemos informado a nuestros clientes que cualquier transferencia internacional de datos hacia Estados Unidos, amparada actualmente por el Privacy Shield, hacia empresas proveedoras de servicios americanas, quedará fuera del escudo en cuanto sea ratificado por el presidente americano, Donald Trump.

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